Ottawa, mayo 2006Periódico Eco Latino - Comunidad
¿Qué hay de nuevo?
BRACEROS
NO PUEDE DECIRSE que en América Latina no haya empleo, pero también hay mucha gente que está pasando trabajo para conseguir uno, mantenerlo o vivir de lo que produce con uno nada más. Quien no comprenda esta afirmación, está lejos de tomar la decisión de emigrar, como lo hice yo, y tantos otros de la región. Sin embargo, ésta es sólo una faceta de la inmensa problemática que motiva el éxodo hacia nuevos países desde los tiempos prehistóricos, y que a la fecha se han asumido como resultado de la globalización.
ES EN ESA DINÁMICA QUE siempre han enmarcado las migraciones, las razones suelen ser de orden económico, como resultado de las guerras, de catástrofes naturales y algunas motivadas por la política. Eso tenía en mente cuando respondí a un colega a una lista de discusión por internet, sobre Historia de América –sin olvidarnos que América es un solo continente para todo el que aprendió geografía en nuestros países- cuando él inquirió sobre si conocíamos de otros “programas de trabajadores migrantes”, a propósito de todo el polvo que ha levantado el “problema” de los inmigrantes en los Estados Unidos, por razones harto conocidas.
YO, INSPIRADA POR LAS ANÉCDOTAS que he conocido sobre la llegada de los inmigrantes italianos, portugueses y españoles luego de la Segunda Guerra Mundial, y auspiciada por el sector oficial con el fin de establecer colonias agrícolas y mejorar la producción agrícola en Venezuela, me di la tarea de hacerle ver algunos datos. El colega, iracundo, me aclaró que este caso no podía considerarse una respuesta a su pregunta pues él se refería a otros “programas de braceros”. En concepto, a éstos no ofrecen la oportunidad de lograr la ciudadanía del país receptor, donde los trabajadores extranjeros siempre lo serán (una sub-clase) y sus condiciones laborales nunca alcanzarán la de los locales. Concluyendo, los “braceros” son producto del capitalismo moderno y no pueden jamás ser comparados con otro tipo de inmigrantes.
ENTENDÍ, ENTONCES, por varias razones. La primera es que siendo cierto lo anterior, a todos los italianos, portugueses y españoles-venezolanos les fue muy bien por razones que no están en discusión. Su trabajo y tesón los imbricó al progreso económico desde el primer día cuando llegaron, pues su status fue siempre “bienvenido”, y muy pocas veces rechazado. El lamento constante del estadounidense, del cual se hacen eco los medios de comunicación, dejan claro que los “braceros” no son bienvenidos, esta es la posición directamente proporcional a la ignorancia de la gigantesca contribución que estos individuos, de paso estacional, dejan en el ingrato país que los recibe anualmente.
CONVENCIDA DE QUE LA DINÁMICA del que llega por unos meses al año no podía ser más trágica que en los Estados Unidos, quise ver el documental “El Contrato” (Canadá, 2003) que trata sobre el mismo asunto, pero con una visión local. Aún no sé si mi sorpresa fue mayor que mi disgusto, cuando me topé con la realidad. Con la sensible producción y dirección de la talentosa canadiense Min Sook Lee, seguí la llegada de Teodoro Bello Martínez, el personaje central y real de la triste narración sobre los “braceros” mexicanos en las granjas tomateras del sur de Ontario.
CADA AÑO LLEGAN A LA ZONA 4.000 hombres con la misma tarea, bajo un contrato que los mantiene desarraigados por 8 meses sin ver a sus familias (“ser un hombre de familia” es condición exigida para ser elegible), pululando por las cuatro calles del pueblo, hacinados en cuartos comprimidos, aceptando la paga que en la localidad nadie considera justa, pero que los humildes trabajadores aceptan por ser la única forma de ingreso de sus numerosas familias, como son tantas del México central.
CONDENADOS A VOLVER, siempre parten prometiendo que el año que viene no volverán, como Teodoro. De la paga les retienen impuestos, por razones del contrato, que puede considerarse un logro del Tratado de Libre Comercio (TLC o NAFTA, en inglés) entre los países del norte del continente, pero ello no les garantiza ni tan siquiera la mínima asistencia médica regular, considerando que los riesgos de trabajo de la actividad agrícola pueden ser muchos. Algunos otros migrantes dan su testimonio acerca del mal manejo de tóxicos fertilizantes, pero cuentan no haber contado con atención médica sino días más tarde de la emergencia. Por supuesto, la sola posibilidad de unirse y constituir un sindicato es la garantía de la repatriación y la exclusión de futuras contrataciones.
CON UNA REFLEXIÓN SOBRE la conmovedora vida de los migrantes contemporáneos pronto comprendí que hace falta mucho más que buena voluntad para ser el país justo y defensor de los derechos humanos que se lleva como bandera a las misiones de paz. Prometí que entrevistaría a Min Sook Lee cuando ella tenga una pausa, que no será ahora por encontrarse sumida en el lanzamiento de nueva obra fílmica.
ESTA VEZ NOS ASEGURA PROFUNDIZAR en la mirada del tema al estrenar Borderless, un poema documental sobre otros migrantes viviendo y trabajando en Canadá sin status, en las propias voces de los protagonistas y sobre los problemas que enfrentan, la explotación laboral y la separación de sus familias por las políticas restrictivas de inmigración. KAIROS: Canadian Ecumenical Justice Initiatives asumió la producción fijando los objetivos del film en la solidaridad y sensibilización en torno a este gran tema contemporáneo. No One is Illegal y el Congreso Hispano patrocinan y organizan su lanzamiento oficial en el Festival Mayworks, el 6 de mayo en Toronto.
ESPERAMOS PODERLA VER pronto en la región capital, así como es imposible no sentirse intrigados por saber cómo resultará “El Día sin Inmigrantes” que se organiza en Estados Unidos para el primero de mayo. Me parece estar imaginando que la próxima vez que cualquier ama de casa de ese país compre las frambuesas para el pie, va a recordar que las recogieron Juan o Teodoro o Luis, como haré yo cada vez que coma tomates. ¡Y seguimos adelante!
Cristina Pulido-Vielma es periodista y nueva residente de Canadá.
cepulido at gmail.com
Etiquetas: canada, contrato, inmigrante, ottawa




3 Comments:
Mi versión de la historia quizá sea más "burguesa" que la dramática situación de los "braceros", pero sin duda se suma a las aristas de una cosa tan compleja como la inmigración. Mi abuelo (Asturiano de pura casta) llegó a Cuba buscando salida a las penurias del campo español. De Cuba tuvo que salir porque llegó Fidel con su comunismo y vino a Venezuela. Tuvo hijos y nietas. Ahora las nietas nos debatimos ante la posibilidad de emigrar a España donde, aunque tendríamos familiares seríamos sudacas. No nos dan ni la ciudanía, y por ende si quiséramos trabajar seríamos ilegales. No nos aceptan sino como cuidadoras de ancianos. Para recuperar la nacionalidad debemos trabajar y sin papeles no podemos trabajar. Es la historia del perro que se muerde la cola. Y entonces te debates, piensas si vale la pena salir "ahora que hay tiempo" en condiciones de incetidumbre o te aferras a la esperanza de que Chavez no sea otro Fidel. Y no eres una campesina desplazada, eres una profesional que tiene que competir como la mejor "brasera" si desea retornar a la tierra de sus abuelos.
Ciertamente tus planteamientos son bastante injustos, desde el punto de vista de los inmigrantes que vuelan a las naciones desarrolladas en busca de un mejor destino. Supongo que para proteger los derechos de esos "braceros" y otros inmigrantes explotados hasta el nivel del esclavismo, la modificacion legal que habria que hacer se tomaria practicamente un siglo entero, dadas las variadas perspectivas de los que esten sentados en su comoda sillita del congreso. El hecho es que un inmigrante siempre sera mal visto por un "local", pues lo percibe como amenaza, aunque claramente no lo es, proque si lo fuera, por que no esta el local en el puesto de Teodoro? Dadas las circunstancias que vive mi pais en la actualidad, te digo que me he vuelto un poco xenofobica al ver como los medicos cubanos le quitan el empleo a los venezolanos, como emigran chinos, iranies, y otras razas jamas vistas aqui y se pasean muy orondos con su cedulas venezolanas chimbas regaladas en un operativo de Onidex para captar 10 millones de votos. A esos vagos y maleantes les dan becas y ayudas, mientras que los verdaderamente necesitados, los que nacieron en el pais de la bandera de 7 estrellas, son cada dia mas humillados y pisoteados. No somos BRACEROS, pero ciertamente aunque estamos en nuestra patria, nos tratan peor que a Teodoro y Luis. Los inmigrantes de la segunda guerra mundial fueron muy afortunados al venir a Venezuela, porque al menos no eramos despectivos y crueles, como lo son ahora los que deciden con una busqueda en una lista de computadora, quien es digno de un trabajo en Venezuela y quien no.
Wow, amiga. Super densa. Ser inmigrante es una piña, créanme. Sin embargo, imaginarme estar ahora dejándome chequear la cédula, me terminaría de clavar la daga en el corazón.
En lo que estamos todas de acuerdo es el detalle sobre la "injusticia". Qué vamos a -o podríamos- hacer para encaminar la solución ahí.
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