viernes, diciembre 01, 2006

Ottawa, diciembre 2006
Periódico Eco Latino - Comunidad
¿Qué hay de nuevo?

SOLIDARIDAD


COMO ANIMALES SOCIALES nos desenvolvemos a gusto al tener a otros alrededor. Si no, basta imaginarse al náufrago en la isla desierta y sabemos que hará cualquier cosa con tal de mantener una conversación, aunque sea con un coco.

SIN EMBARGO, RECIBIR apoyo y solidaridad de otros le hace a uno renovar la fe en el ser humano. Cuando recibimos una muestra de apoyo ante una carencia, una urgencia o por el simple gusto de compartir lo que tenemos, por pequeña que parezca, es cuando más nos convencemos de que la gente es buena siempre que tiene la oportunidad de manifestarlo.

HACE UN AÑO Y MESES QUE OTTAWA es la ciudad donde vivo y sin temor a equivocarme, he recibido tantas muestras de solidaridad, colectivas e individuales, que no sería justo resumirlas. Asocio esta desprendida tendencia a alguna condición local, sumada al proceso de integración por el cual transito como cualquier otro inmigrante. Organizaciones creadas con la Comunidad como meta, hacen de ésta el eje de una variedad de servicios en torno al colectivo, gracias a esa determinación firme y perseverante de esta sociedad de empeñarse en el bien común. Piense sólo en los voluntariados, los bancos de alimentos, la asistencia profesional gratuita, ¡hasta las tiendas de segunda mano!, por nombrar solo algunas ellas.

COMPARTIR NO ES LO MÁS corriente. La historia nos da ejemplos de que competir y avasallar para quitar al otro –tierras, dinero, recursos naturales- nos ha hecho “evolucionar”. Dar, sin recibir a cambio, es más valioso de lo que usualmente ejercitamos en estas vidas rápidas y sin tiempo para la reflexión que nos tocó vivir.

DEBO ACLARAR QUE MI natural escepticismo ante la gratuidad de cualquier cosa sólo se entiende por la pérdida de confianza que mantengo ante la carencia de instituciones ciertas y justas de donde provengo. Además, por una irreductible creencia personal en que el Hombre –o la Mujer- debe ser capaz por sí mismo de producir su propio bienestar o las condiciones para ello. Por lo tanto, cuanto más benevolente el esfuerzo de otros por favorecernos, sentimos más incertidumbre sobre si la intención ulterior no sea vendernos algo, adular o utilizarnos con propósitos que nos beneficiarán en poco.

SIN EMBARGO, ME HE VISTO obligada a revisar la solidaridad per se. El fin último, en mi opinión, es que fomenta la responsabilidad compartida. Así muchas personas están dedicadas a ser solidarias como parte de sus tareas profesionales, pero hay muchas más que quizás sin proponérselo lo son como parte de su función ciudadana. También hay quienes sólo intentan ser buenos cristianos, pues la solidaridad es una forma entendida de organización social y política por muchos grupos que comparten esta fe.

HAGO TRABAJO VOLUNTARIO casi desde mi llegada. He compartido deliciosos platos cooperación directa de los comensales a esa mesa. He recibido asesoría profesional pro bono. Me han recibido hogares para compartir fiestas donde se celebra la generosidad, la unión y la acción de dar gracias por cuanto recibimos. He escuchado a personas en crisis, y más de uno ha tenido la buena voluntad de escucharme a mí.

EN MI MÁS RECIENTE ENSAYO de solidaridad comunitaria, me uní a un grupo de trabajo, al que graciosamente la organizadora ha llamado una Chain Gang, evocando un grupo de prisioneros encadenados para hacer una labor física. En nuestro caso, cinco mujeres se reúnen para hacer las tareas de mantenimiento de la casa de una de ellas, -en preparación para el invierno, por ejemplo, y al final del día, el grupo cena a cambio del día de trabajo colectivo. Súper Amish, ¿no? Unas semanas más tarde, otra miembro de la Chain Gang recibirá al grupo de trabajo y le tocará preparar la comida en pago por la ayuda en su casa. Excelente idea para quienes no tienen una landlady tan meticulosa como la dueña de mi casa; tanto, que no creo necesitar que se haga mayor esfuerzo cuando finalmente me toque a mí ser la anfitriona.

PARA ESPERAR QUE EL DESARRAIGO sea menos terrible durante el invierno canadiense contamos con una buena vecindad, acertados consejos, y en especial, con amigos. Quienes no tienen esa fortuna, pueden probar a iniciar lazos humanos tan importantes como los que esta sociedad promueve, gracias a los cuales ha sobrevivido a las circunstancias impuestas las dificultades del clima año a año y se las ha arreglado para ser lo que es hoy. Sin ser perfecta, su funcionamiento muestra, ejemplarmente, el valor colectivo de la solidaridad y el trabajo. ¡Y seguimos adelante!

Cristina Pulido-Vielma es periodista.
Contactáctela a través de cepulido at gmail.com

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1 Comments:

At diciembre 28, 2006, Blogger @Blanquix said...

Debo reconocer que iba leyendo "tranquila" el artículo hasta el penúltimo párrafo. ¿Hasta qué punto hay solidaridad si hay una contraprestación por los favores prestados?. Me pareció rencontra "de avanzada" la ayuda mutua que se dan las señoras de la Chain Gang, pero en mi opinión la solidaridad es "gratuita", "incondicional". Es ese que se detiene a ayudarte porque se te pinchó una llanta. La vida le devolverá el favor porque fue solidario. Pero tu no le diste más que un genuino agradecimiento y una sonrisa generosa. En cambio el caso de las señoras es más una fraternidad, o no¿?......como sea, me parecen buenas señales!!!. La generosidad, la fraternidad y la solidaridad. A pesar que el mundo pareciera ir hacia un despeñadero son esas cosas a las que me remito, también algo bueno está pasando cada segundo. :-)

 

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